Reflexiones ante las elecciones andaluzas
Francisco J. Lifante |
La sensación que queda ante las próximas elecciones andaluzas es que el PSOE no sólo está roto internamente, sino que de cara a la galería hace aguas por todos lados. Las muestras más evidentes de ello son el salto a los medios nacionales de los conocidos casos de presunta corrupción en la empresa pública “Invertia” y en la Dirección General de Trabajo a través de su responsable, al conceder (se) subvenciones con destinos casi innombrables.
Tras 30 años en el Gobierno y con evidentes síntomas de podredumbre interna, el ciudadano de a pie tiene que enfrentarse a decisiones muy duras como votante. El socialista de toda la vida quiere taparse la nariz ante la urna, pero desgraciadamente hay muchos que ya no pueden y se abstendrán o votarán distinto. Entretanto, el eterno contrincante y aspirante al título, Javier Arenas, criticaba con la boca grande los casos que empañan la imagen socialista mientras iba saliendo al paso radio tras radio, de la sentencia condenatoria para el “espejo” de su presidente nacional. Por su parte, IU, juega a establecerse en el centro de la tormenta, sin pronunciarse si apoyará o no una investidura socialista ante una hipotética falta de mayorías absolutas. Diego Valderas ha dejado entrever en sus declaraciones que nunca apoyaría a Javier Arenas como presidenciable andaluz, aunque no lo ha concretado.
Baste decir que hay dos elementos en Andalucía que podrían condicionar las políticas de alianzas que se puedan llevar a cabo en el período post electoral, tales como la incógnita que supondrán los resultados obtenidos por UPyD y la beligerancia mostrada por el candidato sevillano al parlamento por parte de IU, que ha gritado a los cuatro vientos su decisión de no apoyar ni a PP ni a PSOE. Se trata de José Manuel Sánchez Gordillo, fundador del SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores), que tiene mucho tirón allí (tiene más afiliados que CCOO y UGT juntas), y alcalde de Marinaleda, población sevillana de unos 4.000 habitantes, y famosa por funcionar con un sistema cooperativista para todo el pueblo, por sus históricas ocupaciones de latifundios gobernados por gente de sangre azul, y por su sistema de vivienda pública autogestionada, en el que los usuarios pagan la asequible cuota de 15 € al mes.
Todos estos factores, unidos al desencanto de una población que sufre un paro que ronda el 30%, hacen que sea palpable un clima de cambio, y fuerte. La incógnita es saber en qué dirección. Otra significación importante, sería el efecto que produciría en el PSOE perder su último feudo histórico tras la estrepitosa derrota en Castilla la Mancha.
Seguramente toda esta sinergia de factores y circunstancias condicionarán en breve la política nacional, y es ahí donde debemos ser conscientes de que no es lo mismo PP que PSOE sino todo lo contrario. Quizás es hora de rehabilitar el prestigio de la clase política a través de un nuevo proceso constituyente que no nos haga dependes de las idas y venidas de los grandes partidos y su falta de honestidad a la hora de gobernar y gestionar los recursos públicos, establecer nuevos controles ciudadanos y cortafuegos como la revocabilidad de los cargos electos periódicamente para que la humildad haga su trabajo y los ciudadanos tengan más peso que el actual en las decisiones que nos atañen a todos. Quizás sería bueno, o quizás mejor.





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